Llegamos a Arequipa al mediodía y cogimos un Uber hasta nuestro alojamiento: el Hotel Rumí, donde nos quedamos en una habitación cuádruple con baño privado y desayuno incluido. Tras dejar nuestras cosas y darnos una buena ducha, salimos a buscar algo para comer. Caminando por una de las calles cercanas, encontramos un restaurante local llamado Tamales Pachacutec, ideal para una comida rápida. Allí probamos los tamales de pollo y el pastel de choclo (pequeño guiño a nuestro logo, que representa los granos de una mazorca de maíz).
Si quieres conocer más sobre nuestra historia, te invitamos a leer el post “¿Por qué Tiyeni Tonse? ¿Y el logo?” Ir al post →
Por la tarde, cerramos el tour al Valle del Colca para el día siguiente en una de las agencias ubicadas en la Plaza de Armas, también aprovechamos para pasear por los alrededores. En una de las calles cercanas al Monasterio de Santa Catalina, nos topamos con unas mesas corridas donde servían comida y bebida. Las personas allí reunidas eran parte de la Asociación Gastronómica de Arequipa, nos contaron que ofrecen productos típicos de la zona en las celebraciones locales, como Semana Santa o el Día de Arequipa (15 de agosto). Tuvimos la oportunidad de probar una bebida llamada Diana, elaborada a base de leche, almendras, coco rallado y castañas, y nos encantó. También ofrecían ponche, preparado con cáscaras de frutas, y diversos platos tradicionales, en su mayoría a base de vísceras de res y cerdo. Seguimos caminando por la zona, disfrutando del ambiente y la noche arequipeña, y luego regresamos al hotel para descansar.
Madrugamos muchísimo para conocer el Valle del Colca: a las 02:30 un autobús nos esperaba en la puerta del hotel. Después de varias horas de trayecto, llegamos a Yanque, un pueblito a la orilla izquierda del valle. Desayunamos antes de continuar hacia nuestra primera parada: un mirador donde disfrutamos de las impresionantes vistas del cañón. Más tarde, paramos en Maca, un pequeño pueblo que suele incluirse en los recorridos típicos: nos llevaron a ver su iglesia, pero lo que predominaba eran la decenas de puestos de artesanía y mujeres con alpacas y llamas disfrazadas para posar con los turistas. Es parte de lo que «te venden» en este tipo de tours. Aunque forma parte de la realidad turística de la zona, considero que los animales no deberían usarse de esta manera. Siento que este tipo de experiencias resultan muy artificiales, se presentan como auténticas, pero acaban siendo un espectáculo montado para el turista. Me hubiera encantado conectar con la verdadera esencia del lugar, conocer sus tradiciones y entender como de verdad viven en esta localidad.
Desde allí nos dirigimos al famoso Mirador de la Cruz del Cóndor, situado a más de 3 200 m sobre el nivel del mar. Tuvimos la suerte de ver a ocho cóndores planeando a escasos metros sobre nuestras cabezas: un espectáculo que nos dejó sin palabras. Más adelante te contaré lo que este animal significa en la cultura inca. Después de disfrutar del mirador, regresamos a Arequipa haciendo parada en Yanque para comer. Durante el trayecto de vuelta nos ofrecieron la posibilidad de añadir alguna actividad extra, como los baños termales, lanzarnos en tirolinas o incluso un paseo en buggy. Nosotros nos decidimos por las tirolinas: dos recorridos que cruzaban el valle, por 50 soles adicionales. Más tarde, dimos un paseo por las inmediaciones de los baños termales y descubrimos dos pequeñas salas de interpretación: una dedicada al cóndor andino y otra a los camélidos locales (alpaca, llama, vicuña y guanaco). La visita fue toda una sorpresa: estaban muy bien presentadas y resultaron realmente interesantes. Al volver, nos indicaron muy amablemente que nos habíamos colado en una zona privada. ¡Pero oye, mereció la pena!
Personalmente, este tipo de tours tan organizados no suele ser lo mío. Todo está cronometrado, no hay margen para la improvisación, y eso le resta espontaneidad al viaje. Aun así, entiendo que es una forma práctica de visitar ciertos lugares, y en muchos casos, la única opción viable para acceder a ellos. A pesar de ello, disfrutamos mucho del recorrido, en gran parte gracias a nuestra guía, que hizo la experiencia amena e interesante.
Esa noche, ya de vuelta en Arequipa, cenamos en ZigZag. Pedimos alpaca y trucha a la piedra, y ambos platos estaban espectaculares. El servicio también fue excelente, un restaurante que vale la pena probar. Dormimos en el Hostal Qoyllurwasi, en una habitación cuádruple con desayuno incluido. Curiosamente, este fue el único desayuno que logramos tomar en el alojamiento durante todo nuestro viaje por Perú.
Un consejo que nos llevamos tras terminar el viaje: no desayunamos en ninguno de los alojamientos durante nuestra estancia. La mayoría nos preparó “lunch boxes” para llevar, ya que las excursiones comenzaban muy temprano. Por eso, no te recomendaría usar el desayuno como un criterio importante al elegir alojamiento en Perú; probablemente no llegues a aprovecharlo.
Al día siguiente nos lo tomamos con más calma y decidimos dedicar la jornada a descubrir lo que la conocida como «Ciudad Blanca» tenía para ofrecernos. Por la mañana visitamos el Monasterio de Santa Catalina, una parada imprescindible en Arequipa. Nuestra guía hizo que la visita realmente valiera la pena: recorrimos los recovecos del enorme complejo, aprendimos cómo vivían las monjas siglos atrás, qué implicaba la vida monástica en aquella época y conocimos muchas historias fascinantes. Compramos las entradas con antelación en la página web oficial, pero contratamos la guía en el mismo monasterio por solo 10 soles por persona. Recomiendo muchísimo hacer la visita con guía, cambia completamente la experiencia.
Después de la visita, disfrutamos de un café y una deliciosa tarta de limón en la cafetería del propio monasterio, un verdadero placer en un entorno tranquilo y lleno de historia. Antes del free tour que habíamos reservado para la tarde, nos acercamos al Museo Universitario de Arqueología y Antropología MUSA. Allí se pueden ver piezas arqueológicas de distintas culturas preincaicas, restos óseos, cerámicas y textiles, incluyendo una momia en excelente estado de conservación. Nos pareció una visita muy interesante, dinámica y completamente recomendable si te interesa la historia y la arqueología peruana. Por la tarde hicimos el free tour por Arequipa, comenzando en el barrio de San Lázaro, uno de los más antiguos y con más encanto de la ciudad. Sus callejuelas empedradas, casas blancas de sillar y flores colgando en los balcones crean un ambiente muy especial que te transporta a otra época. Desde allí fuimos a Mundo Alpaca, donde conocimos más sobre la importancia de este animal y su fibra, tan valorada a nivel mundial. Después volvimos caminando hacia la Plaza de Armas, pasando por varias iglesias y edificios emblemáticos hasta llegar a la Catedral de Arequipa, imponente y cargada de historia. Terminamos la visita en los Claustros de la Compañía de Jesús, donde aprendimos el significado simbólico de las figuras talladas en sus columnas. También descubrimos detalles fascinantes en la fachada de la iglesia, como representaciones de elementos propios del imperio inca, una muestra clara del sincretismo cultural que marcó la época colonial.
Con esta visita cerramos nuestra primera semana en Perú. Desde aquí, pusimos rumbo a Cusco en autobús, por supuesto.
Enlaces de interés:
-Restaurante ZigZag en Arequipa – https://zigzagrestaurant.com
-Monasterio de Santa Catalina, una visita imprescindible – https://santacatalina.org.pe
Los encontrarás también en sus redes sociales (instagram y facebook).