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Nuestros primeros días en Perú

Después de nuestra increíble experiencia en Filipinas el año pasado, un viaje lleno de aventuras, risas y momentos que aún recordamos con mucho cariño, mis amigas y yo decidimos convertir aquella escapada en una tradición. Así nació nuestra pequeña promesa: hacer al menos un gran viaje juntas cada año. Este año, el destino elegido fue Perú: un país que nos conquistó desde el primer momento con su historia, paisajes impresionantes, gastronomía y su maravillosa gente.

Nuestro viaje comenzó en la capital peruana: Lima. Aterrizamos en el aeropuerto alrededor de las 16:30 y, para facilitar las cosas, pedimos un Uber que nos llevó directamente a nuestro alojamiento en el barrio de Miraflores. El trayecto duró aproximadamente una hora. Nos alojamos en Tarata Boutique Hotel, en una habitación cuádruple con baño privado y desayuno incluido, todo por unos 70€ la noche. El alojamiento nos sorprendió gratamente: muy bien ubicado, limpio y con un personal de recepción encantador, siempre dispuesto a ayudarnos. De hecho, fueron ellos quienes nos recomendaron cenar en Panchita, y no pudimos haber empezado mejor nuestra experiencia gastronómica en Perú. Probamos varios de los platos más representativos del país: el ceviche, mi favorito, no podía faltar, muy fresco y lleno de sabor. También compartimos un entrante surtido que fue un acierto: incluía bolitas de queso, tequeños con ají de gallina, unas croquetas de pollo deliciosas, yuca frita y chicharrón de pollo. Las raciones de todos los platos fueron muy generosas, así que si vas ¡mejor con hambre! Para acompañar, nos animamos con un par de cócteles de pisco. Más adelante te contaremos qué es exactamente esta bebida tan típica de Perú. Todo estuvo buenísimo, no se nos ocurre una mejor forma de empezar la aventura.

Durante nuestro viaje por Perú, todos los trayectos largos en autobús entre las principales ciudades los hicimos con la compañía Cruz del Sur. Compramos los billetes con bastante antelación, ya que, aunque generalmente no planificamos demasiado nuestros viajes, esta vez solo teníamos dos semanas y muchísimas cosas que ver y hacer. Por eso, decidimos organizar los desplazamientos clave con tiempo, para aprovechar al máximo cada día del viaje. Llegamos por la mañana a la estación de autobuses de Paracas donde Ricardo, nuestro guía – al que habíamos contactado previamente por correo – ya nos esperaba. El tour por la Reserva Nacional de Paracas resultó ser excepcional: las explicaciones de Ricardo y el ritmo del recorrido fueron de lo mejor. Visitamos tres playas impresionantes: una de arena gris, otra blanca y una tercera de tonalidad rojiza. También disfrutamos de un almuerzo frente al mar, dentro de la reserva. Pedimos vieiras, ceviche de lenguado y chita (un pescado similar a la dorada), y todo estaba delicioso. Mientras comíamos, a lo lejos, vimos a un león marino asomando la cabeza. Me acerque y varios de ellos jugaban en el agua, ¡fue un momento precioso!

Después regresamos hacia Paracas y visitamos el Museo de Sitio «Julio C. Tello», situado todavía dentro de la Reserva Nacional de Paracas. Inaugurado originalmente en 1964 y reconstruido tras el terremoto de 2007, el museo reabrió en julio de 2016. Exhibe alrededor de 120 piezas (cerámicas, textiles, utensilios, momias y fardos funerarios), incluyendo cráneos deformados y prácticas de trepanación, que muestran la complejidad técnica y cultural de la civilización Paracas (700 a. C.–200 d. C.). Durante el recorrido, Ricardo compartió con nosotros interesantes detalles sobre la civilización Paracas, información que, al llegar al museo, pudimos profundizar y enriquecer. Pasamos la tarde explorando Paracas, y esa noche nos alojamos en el Nayarak Hotel, en una habitación cuádruple por 160 soles.

Nos levantamos temprano para desayunar, con ganas de conocer las Islas Ballesta. Salimos en el tour con Juan y, al igual que el día anterior, todo fue fantástico, disfrutamos al máximo. Nada más llegar, nos encontramos con una familia de pingüinos de Humboldt, aves endémicas del litoral peruano que, como nos explicó Ricardo el día anterior, reciben su nombre por la corriente de Humboldt, la cual baña estas costas y brinda el alimento necesario para su supervivencia. Pasamos un par de horas maravillosas conociendo la fauna de las islas y luego regresamos al puerto. Descansamos en uno de los bares del paseo marítimo hasta que Pedro, compañero de Ricardo, vino a buscarnos sobre las 12:45 para continuar con nuestra aventura.

Seguimos rumbo a Ica. Llegamos a visitar CulturPisco, una reconocida bodega-restaurante en Ica donde producen pisco y vinos. El pisco es un aguardiente de uva: «unico e incomparable, un símbolo de la identidad peruana; reflejo de su tradición, su arte en la destilación y un orgullo para el Perú». Nos recibieron con una explicación sobre el proceso de elaboración: desde la vendimia de uvas locales hasta la destilación en alambiques de cobre. A continuación, degustamos su selección: cremas de café, lúcuma y coco, limón con pisco, uno de sus piscos tradicionales y dos vinos de la casa. Cada chupito venía acompañado de un brindis divertido, entre ellos este:

«Desde hoy soy de Ica, mi cuerpo es de arena, a partir de hoy, el pisco correrá por mis venas».

Tras la experiencia enológico-gastronómica, nos dirigimos al desierto de Huacachina. Ricardo lo organizó todo al detalle, no tuvimos que encargarnos de nada y todo funcionó a la perfección. Las actividades en el desierto, como el buggy y el sandboard, estaban incluidas en la experiencia. Al principio pensaba que estas actividades eran de esas diseñadas únicamente para turistas: subirte al buggy, sacarte la foto en el desierto y presumir en redes sociales. Confieso que suelo tener sentimientos encontrados con este tipo de experiencias, porque aunque suelen ser divertidas, también me generan dudas sobre el impacto que puedan tener en el entorno. Y sí, terminé disfrutando muchísimo tanto del sandboard como del recorrido en buggy, pero no dejo de preguntarme cuánto puede afectar todo esto a un paisaje tan especial.

Una de las cosas que más me impactó en Huacachina fue la inmensidad del desierto. No me imaginaba un paisaje así, las dunas parecían no tener fin. Tras el atardecer, descendimos caminando las enormes dunas. Al pie del desierto nos esperaba Pedro, quien nos acompañó hasta la estación de autobuses de Ica. Allí tomamos un bus nocturno rumbo a Arequipa.

Enlaces de interés:

-Restaurante Panchita en Lima, donde degustamos platos increíbles: https://www.panchita.pe

-Museo de Sitio – Julio C. Tello en Paracas: aquí conocimos más sobre la historia y cultura Paracas – https://museos.cultura.pe/museos/museo-de-sitio-julio-c-tello-de-paracas;

-CulturPisco en Ica – https://culturpisco.com

Escríbenos para poder contactar con Ricardo, con quien hicimos nuestro tour por Paracas, Ica y el desierto de Huacachina, ¡todo un acierto!