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3 días en Camiguin y la mayor sorpresa del viaje

¿Adivinas cómo empezó nuestro día rumbo a la isla de Camiguin? Sí, otro madrugón más. La van nos recogió temprano en nuestro alojamiento para llevarnos al puerto, y por el trayecto pagamos 1500 pesos entre las nueve. Nos esperaba una jornada entera de viaje: primero un ferry desde Siargao hasta Surigao, luego otra van hasta Balingoan, y finalmente un segundo ferry rumbo a Camiguin. Aunque largo, el recorrido fue parte de la aventura.

Durante nuestra estancia en la isla nos alojamos en Lanzones Cabanas, un lugar encantador que lleva el nombre de una de las frutas más representativas de Camiguin: el lanzón. Esta fruta, pequeña, redonda y de cáscara amarilla, tiene una pulpa jugosa, dulce con un toque ácido, y es todo un emblema local. De hecho, cada octubre se celebra el Festival de Lanzones, coincidiendo con la temporada de cosecha, y es una de las festividades más esperadas en la isla. Si visitas Camiguin, no te vayas sin probar esta delicia y si tienes la suerte de coincidir con el festival, ¡no te lo pierdas!

Después de instalarnos, salimos a cenar a Luna, un restaurante italiano que nos sorprendió para bien: pizzas deliciosas, ambiente acogedor y un servicio impecable. Fue el broche perfecto para cerrar un día largo pero emocionante.

Dedicamos el día siguiente a disfrutar de la belleza natural de Camiguin, dejándonos sorprender por sus paisajes. Nuestra idea inicial era alquilar motos, como habíamos hecho en Siargao, pero esta vez no fue posible. Afortunadamente, viajar en grupo tiene sus ventajas: alquilamos un pequeño autobús privado, lo que resultó cómodo, práctico y bastante económico, pagamos 1700 pesos por todo el día. Nuestra primera parada fue la catarata Katibawasan, donde nos dimos un refrescante baño rodeadas de vegetación.

Después seguimos hasta la catarata Tuasan, igual de accesible y también muy bonita. Ambas requieren entrada: 585 pesos la primera y 480 la segunda, pero merecen totalmente la pena. El entorno natural, el sonido del agua cayendo y la frescura del lugar fueron el mejor regalo tras tanto camino.

Para comer, Joeby, nuestro conductor, nos llevó a Beehive Driftwood Café, un restaurante muy especial a orillas del mar. Un rincón lleno de encanto que te recomiendo descubrir, al final del post encontrarás el enlace para que puedas verlo por ti mismo. Allí se celebra lo local: miel artesanal, cacahuetes y café cultivados en la zona, todo a la venta en un espacio que respira autenticidad. Personalmente, me declaro fan absoluta de este tipo de lugares, donde cada producto cuenta una historia y donde apoyar lo hecho a mano se convierte en una experiencia en sí misma.

Después de comer, nos dirigimos al «Old Volcano Walkway», un sendero que serpentea por las laderas del imponente volcán Hibok-Hibok, regalando vistas impresionantes del mar y de la isla. A lo largo del camino se encuentran las Estaciones de la Cruz, un conjunto de esculturas que representan la Pasión de Cristo. Aunque ninguna de nosotras se considera religiosa, el paseo mereció completamente la pena: la tranquilidad del entorno y las vistas lo convirtieron en un momento muy especial. Al llegar al final del sendero, nos esperaba una panorámica espectacular del que sería nuestro último destino del día: el «Sunken Cemetery». El cierre perfecto para una jornada de conexión total con la naturaleza.

A diferencia de otros viajes, en los que suelo planificar algo más lo que quiero ver y hacer, esta vez decidí dejar la planificación en manos de mis amigas. No investigué absolutamente nada antes de llegar, lo que convirtió cada destino en una sorpresa absoluta. Y de todas esas sorpresas, hubo una que me dejó sin palabras: el Sunken Cemetery. Este lugar, tan impresionante nació tras la erupción del volcán Mt. Vulcan en 1871, cuando parte de la isla quedó sumergida bajo el mar. Hoy, una gran cruz que emerge del agua señala el sitio donde una vez hubo tierra y tumbas, y se ha convertido en uno de los lugares más emblemáticos de Camiguin. Lo que no sabía, y me fascinó descubrir, es que bajo esas aguas también hay un mundo submarino lleno de vida, donde está permitido hacer snorkel entre los restos del antiguo cementerio. Para realizar la actividad, es obligatorio ir con guía. Nosotras pagamos 175 pesos por persona, incluyendo el acompañamiento, y la experiencia fue mucho más de lo que jamás podría haber imaginado. Sin expectativas previas, al sumergirme en el agua me encontré rodeada de corales vibrantes, peces de todos los colores y una atmósfera tan mágica que por momentos parecía un sueño.

Y como si la experiencia submarina no hubiese sido ya suficiente, al salir del agua el cielo nos regaló un atardecer inolvidable. Tonos naranjas, rosas y dorados se reflejaban sobre el mar tranquilo, pintando uno de esos paisajes que se quedan grabados para siempre. Fue el cierre perfecto para una jornada que me recordó lo hermoso que es dejarse sorprender por el viaje.

Joeby nos esperaba temprano por la mañana para comenzar un nuevo día explorando la isla. Tras desayunar en el alojamiento, pusimos rumbo al puerto desde donde salen los botes hacia White Island, una pequeña isla de arena blanca que parece flotar sobre el mar. El trayecto fue corto, pero especial: un arcoíris completo nos acompañó durante todo el camino, como si la naturaleza nos diera la bienvenida a este rincón mágico.

Pasamos un par de horas disfrutando de la serenidad de White Island, caminando sobre su fina arena y admirando las vistas del monte Hibok-Hibok al fondo. Después regresamos al puerto y continuamos hacia nuestra siguiente parada: la isla de Mantigue. Allí nos esperaba otra experiencia inolvidable: snorkel en busca de tortugas marinas. Estuvimos largo rato explorando los fondos coralinos, y la paciencia tuvo su recompensa: ¡vimos tres tortugas!, 

De regreso a Camiguin, fuimos a comer a Hayahay Café, donde compartimos un almuerzo delicioso: smoothie bowl de mango y piña, tostadas de aguacate con tomate y unas tortitas de plátano, coco y avena que estaban para repetir. Una comida perfecta tras una mañana mágica de sol, mar y encuentros inesperados con la vida marina.

Y así llegamos al final de este viaje inolvidable. Filipinas ha sido mucho más que un destino: ha sido una celebración de la amistad y de estos 30 años compartiendo risas, confidencias y aventuras. Cada lugar que recorrimos, cada playa, cada atardecer y cada sorpresa se convirtió en un recuerdo que guardaremos para siempre. Nos volvimos a casa con el corazón lleno, sabiendo que mientras estemos juntas, siempre habrá algo que celebrar. Porque los mejores viajes no los marca el mapa, sino las personas con las que decides caminar.

Enlaces de interés: encontrarás a 

-Lanzones Cabanas: https://www.lanzonescabana.com/  

-Beehive Driftwood Cafe – https://beehivedriftwoodcafe.weebly.com/ y redes sociales – @thebeehivecamiguin

-Hayahay Café – https://www.hayahaycafe.com/ y redes sociales – @hayahaycafecamiguin